3. Los segmentos: blanco y negro de la rueda de la vida (versión en español)

 

 

El significado de esta parte de la Rueda trata de lo completo que se puede llegar. Esto es expuesto literalmente en blanco y negro – claro y oscuro. El Budismo no habla de actos que eran buenos o malos, en cambio ellos tampoco son hábiles o no. Actos de destreza conducen a resultados beneficiosos. Así que, en nuestra imagen, seres atractivos en actos de destreza ascienden desde lo profundo hacia la altura, desde los infiernos hasta los cielos.  

Aunque nuestras acciones son pocas veces completamente de este modo negro y blanco, y esto no es siempre posible hacer tal clara distinción, es necesario explicar el principio del karma, como esta imagen lo hace, muy claramente, esto es una de las definiciones principales apoyando todo el simbolismo desde el interior de la Rueda de la Vida.

Todas las cosas que se hacen producen frutos al tiempo. Como nosotros lo deseamos, así vendrá. Aquellos actos los cuales proceden de la generosidad, bondad y claridad producen  agradables frutos; aquellos que se arraigan en el deseo, odio y engaño producen indeseables frutos. Esta es la ley del karma.

Los seres humanos somos dueños de nuestros karmas, herederos de nuestro karma, el karma es la matriz de la cual ellos nacen. Nuestro karma es nuestra amiga y nuestro refugio. Cualquier karma que ellos realicen, bueno o malo,  ellos serán los herederos.

El karma literalmente significa acciones deseadas, si el cuerpo, el habla o la mente y nuestros cuerpos pueden extensamente dividirse en dos clases, hábiles los cuales conducen hacia la luz de la claridad y aquellos que no son hábiles nos inclinan hacia la oscuridad de la confusión.

A diferencia de las religiones teístas que sostienen que los sistemas éticos tradicionales de Occidente, en el Budismo nunca se habla de términos como “bueno” o “malo”. En el pensamiento Budista, ninguna acción es buena o mala en sí misma. El budismo en cambio se enfoca en la intención detrás de la acción. Lo que importa es la calidad de nuestros motivos. No es decir que esas cosas que hacemos sin querer no tienen consecuencias. Si me deslizo en la cocina y vierto té caliente en un amigo, que ciertamente tiene consecuencias, pero estas consecuencias están en un orden completamente diferente ellos podrían pensar que yo vertí la tetera deliberadamente sobre de él. Actos inintencionados no modifican nuestro carácter.

Nosotros sabemos que esto es como tener buenos sentimientos de afecto irán hacia otros. En un día soleado, tal vez, fuera en un campo hermoso salí a caminar con un buen amigo, el mundo está vivo, escasamente colorido y alegre, y nosotros sentimos agradecidos y generosos, enteramente parte del vasto proceso de la vida – sensitivo, aventurero, y abierto a nuevas experiencias. Nosotros queremos lo mejor para todos, para cualquier ser viviente, actuando, hablando, y pensando en el camino que reforcemos lo bueno en el mundo impidiendo y sintiendo menos desconectados que el resto de la gente, menos desconectados del resto de la vida. Sin embargo nosotros también sabemos que esto es igual a sentir esto; sentirnos irritables y desconectados de los otros. Nosotros herméticamente encerrados en nuestra piel en un mundo que es incomodo y hostil, oscuro confuso. La representación de sentimientos semejantes a estos, nosotros enviamos nuestra mala energía al mundo y así ayudamos a mantener nuestro entorno aparentemente hostil.

Todas las cosas son mutuamente interdependientes. Conocemos esto casi instintivamente. Vemos el camino dependemos de nuestra comida del granjero, del camionero, del comerciante, del verdulero (e incontables seres). Sabemos que una sonrisa, dándola por adelantado ondeando este tipo de energía tan positiva hacia adelante y hacia atrás, levantando el ánimo de la siguiente persona.

Pensamientos como estos nos ayudan fomentar sentimientos de empatía. No somos los únicos que le importa esto. Hay billones de otros seres vivientes en este planeta y todos nosotros dependemos del uno y del otro de incontables maneras. No solo de ésta. Todos nosotros – todos los seres humanos al menos – tienen la capacidad de entenderse uno al otro, comunicarse, y sentir por alguien siempre en niveles profundos. Interesarse por el bienestar de los otros seres vivientes, nosotros actuamos hábilmente, disfrutando la felicidad, y moviéndonos más cerca de la iluminación.

Por otra parte, la creencia que todos estamos intrínsecamente separados uno del otro reforzando nuestra tendencia natural hacía el egoísmo. Cuando vemos a otros compitiendo con nosotros por escaso recursos, sea nuestra comida, estatus, poder, o por afecto, eso aumenta las intensiones que están basadas primeramente en nuestros asuntos, y seguidas de acciones inútiles. Esto da como resultado que suframos y quedemos atrapados adentro de la existencia cíclica; frío, soledad, y alienado.

La ética Budista, por consiguiente, comienza con la tolerancia e interés propio. Si cultivas intenciones positivas actuarás más y más como una persona hábil. Como resultado, estarás más cerca de la iluminación, estarás más feliz. Viviendo más y más en la luz de la claridad, dejando atrás la oscuridad de la confusión, progresivamente te deshaces de los hábitos engañosos y egoístas que causan tu sufrimiento.

La ley del karma, sin embargo, no determina todo lo que pasa en nuestro mundo. El Buda enseñó que todo llega en dependencia de condiciones precedentes. Pero la operación de condicionalidad no es fortuita. Se revela una nueva moda y, acuerdo a la tradición comentada hay cinco posibles ordenes de la condicionalidad. Es útil tener algún rudimentario comprensivo de esto porque nos puede ayudar a entender el lugar del karma en la disposición natural de las cosas.

Muy brevemente, en orden ascendente de complejidad, hay un orden físico inorgánico de condicionalidad que gobierna la materia inanimada, la cual corresponde, más o menos, a las leyes físicas. Luego el orden físico orgánico que domina la materia animada – más o menos al nivel de las leyes biológicas. El orden mental rige a los actos no voluntarios, como nuestra sensación de hambre en la presencia de la comida, y corresponde a ciertos aspectos psicológicos. El orden kármico ético guía el camino en el cual los actos intencionales tienen positivas y negativas consecuencias. Y finalmente hay un orden trascendental, el cual gobierna los últimos estados del “camino espiral” que conduce asciende fuera de la Rueda, y alrededor de lo que decimos más tarde.

La ley del karma, entonces, es parte de un sistema natural. No hay ni un solo que reparta recompensas o castigos. El sistema es simplemente el resultado de la manera como las cosas son.

No hay gobernante divino en el Budismo, no hay un juez cósmico, así que no hay espacio para ninguna sensación de pecado y no existe la idea de la salvación divina. Sin esto, la sensación de culpa irracional que ha infestado mucho a Occidente, hoy en día es también removida. Nosotros como somos como somos. Ser humano, nosotros no somos intrínsecamente buenos o malos. Pero nosotros tenemos opciones. A cada momento podemos escoger a actuar hábilmente o no. Podemos movernos hacía la luz de la claridad o quedarnos fango de la oscuridad de la confusión. La elección es nuestra y, como los segmentos negros y blancos muestran, viviremos con las consecuencias.

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