El arte de cocinar

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El arte de cocinar

En Oster, nos gusta pensar que tu cocina es tu lienzo – es el lugar donde creas tus magnificas obras culinarias. Esta es la razón por la cual hemos creado este exclusivo libro de recetas Oster Inspire está diseñado para mejorar la forma en que cocinas. Estas innovadoras recetas fueron creadas especialmente para inspirarte, apasionarte y ser creativo al momento de cocinar.Te invitamos a divertirte mientras preparas las recetas de El arte de cocinar, al recrearlas pones en practica tu creatividad al intentar de prepararlas a la perfección.

Tu cocina es tu lienzo. ¿Qué vas a cocinar hoy? Si necesitas ayuda entra a: www.ostervenezuela.com

Índice de “El arte de cocinar”

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Contenido


Aperitivos y pasapalos (pasabocas)                                                                                       2-8

Sopas                                                                                                                                    9-10

Panes                                                                                                                                   11-13

Desayunos                                                                                                                           14-18

Condimentos y salsas                                                                                                           19-20

Sándwiches (emparedados)                                                                                                  21-25

Platos fuertes                                                                                                                        26-44

Guarnición                                                                                                                            45-47

Postres                                                                                                                                 48-58

The art of food

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El arte de cocinar

57 recetas especiales que te inspiran a cocinar creativamente.


Después de tanto tiempo sin publicar nada, decidí ponerme en la tarea de traducir un libro de cocina que por años tuve en mis manos, pero no tuve ni el tiempo ni la dedicación para hacerlo debido a mis múltiples ocupaciones de la universidad.

Este ejercicio será una manera de invertir mi tiempo luego de haber terminado mi escolaridad ya que estoy en la espera a que mis pasantías comiencen y será una buena manera de aprovechar mi tiempo libre.

Espero dedicarle todo el tiempo posible para traducirlo, en este blog quedará plasmado cada una de las recetas en su versión original como en español, espero que disfruten leerlas y atreverse a hacer estas recetas, cualquier duda o sugerencia espero que me dejen un comentario por esta vía.


Cada una de las imágenes de las recetas que publicaré en este blog pertenecen a la empresa Oster, los derechos de dichas imágenes están reservados.

Primer parcial de traduccion IV

      Para usted, ¿qué es lo más resaltante de la teoría antropófaga? 

 La teoría antropófaga, consiste en tomar oraciones aisladas, de un texto original (inglés) y transferirla al español, sin perder su esencia, significado o contenido. En el texto de Manifesto antropófago se juegan con oraciones, de por autores conocidos o no, y adaptarlos al español.

 

En el manifesto antropófago está muy involucrado con  la cultura, porque habla específicamente de cómo los indígenas fueron colonizados por los españoles, otro ejemplo sería: cuando los italianos llegaron a diferentes partes de América para buscar un futuro mejor.

 

Nunca podría existir simetría entre una traducción de habla inglesa a habla española. Porque cuando se traduce dicho texto, siempre pierde un poco de su esencia. Así como cuando en la vida le dicen a uno que: “La magia y la vida” estas dos palabras están intensamente relacionadas, porque sino existiera la vida por consiguiente, no existiera la magia. Para tener hay que tener una mente muy abierta, para poder distinguir entre el bien y el mal. Esto también podría aplicarse en el campo de la traducción, porque cuando hemos analizada, ordenada y específicamente, todo puedo fluir, Y claro que también depende de lo que el cliente quiera.

 

Estoy en contra de las leyes que implanta la sociedad, cito textualmente aquí: “Contra la realidad social, vestida, y opresora” porque de que sirve todas esas reglas si al final no cumple, solo están allí para meter miedo. La sociedad está tan dividida como lo está nuestro país, así está el horario de trabajo que tenemos que seguir para salir a delante.

 

Puedo citar un ejemplo de la teoría antropófaga: la gente que se viste de negro, cree eso y está segura de eso. Y también están los que se visten de blanca, quiere defender su punto de vista, sin importar lo que la sociedad quiera. Porque en la traducción está la clave y descubrir, lo esencial de un tema en específico sin ninguna discriminación alguna. 

 

 

 

 

      Explique el cliché antropofágico de la traducción como transfusión. 

 

El cliché antropofágico, comenzó desde que el hombre tiene memoria, desde allí él empezó a devorarse la carne de los humanos. Esto, está íntimamente relacionado, en cómo el traductor toma el texto original, se lo come, lo degluta, pasa por el tracto digestivo, el esófago, los intestinos; delgado y grueso, hasta que luego lo expulsa por el ano.

 

De igual forma, anteriormente mencionada vemos que, el texto original, convirtiendo así en una hermosa traducción. El trabajo de nosotros como traducciones, es adecuar términos específicos, dependiendo del contexto.

 

La traducción, está íntimamente relacionada con el acto de extraer sangre, necesitamos ésta extracción de sangre, para saber qué cosa tenemos en nuestro cuerpo. Claro está, sí tenemos algún tipo de enfermedad, ya sea física mental, psicológica, entre otros, que nos desestabilice el alma.

 

La transfusión permite utilizar toda esa sangre física, que tenemos, para llenar nuestra alma de conocimiento y sabiduría. Para que ella perdure durante toda la vida.

 

El cliché antropofágico consiste en devorar  un texto, para luego poder encontrarlo a través de las palabras (de hablantes no nativos), en textos hermosos, llenos de alegría si eso es lo que queremos decir.

 

Quien diga que un texto meta es el “ideal”, poeta, sabia, está totalmente equivocado porque el texto meta ha pasado por múltiples revisiones, para llegar totalmente a él, a su esencia.

 

La traducción, es como una trasfusión, aquí le voy a explicar el porqué de eso. Una traducción siempre tiene dos caras, así como la máscara de un teatro, cuando el actor quiere expresar alegría se coloca la máscara de tristeza, y cuando está triste se coloca la de la alegría.

 

Podemos poner como ejemplo: cuando llegaron los colonizadores a América del Sur, fuimos creados “a su imagen y semejanza” copiando su cultura, su manera de comer, de vestir. Eso fue demasiado maravilloso porque nos hizo querer más lo que amamos, sin dejar a un lado los conceptos aquellos que se tienen del tercer mundo.

5. Los dioses de la rueda de la vida (versión en español)

En este mundo lleno de luz y color. Existen hermosos habitantes que están dotados de gran gracia. Cualquier cosa que ellos deseen simplemente aparece: no tienen necesidad de trabajar. Dulces sonidos llenan el aire y todo brilla con una luminosidad increíble.

            La palabra deva, la cual es usualmente traducida como “dios”, deriva de la raíz y su significado es “brillar”. Los dioses están “brillando”, seres radiantes que viven en una íntegra felicidad.

            Hay dioses en la tierra, gente quienes todo les viene fácilmente y quienes disfrutan de muy refinados estados mentales. Algunos artistas parecen vivir de esta manera, y pueden pensar todo de la gente quien parece de algún modo estar particularmente favorecidos en sus vidas. Hay personas bien parecidas, aunque no necesariamente de la manera convencional, y hay algo acerca de ellos que brilla. Todo el mundo disfruta su compañía y ellos siempre están bien. Alegres y despreocupados, gente como está tiene un aura de claridad cerca de ellos que afecta a cualquiera que se acerque a ellos.

            Según todas las probabilidades, todos nosotros tenemos experiencia en este mundo. Tal vez estamos recordando momentos los cuales constantemente estamos disfrutando ser transparentes, optimistas, y más despreocupados de los estados mentales, o quizás momentos cuando éramos absorbidos en la reconocimiento de grandes obras de arte. Tocando los márgenes penetrantes, purificando la consciencia de nuestros creadores, tal vez nosotros entremos – por un momento – en sus mundos.

            Los reinos de los dioses “humanos” también contiene aquellos seres quienes, mediante sus propios esfuerzos espirituales, hecho de progreso en la sustancia espiritual. Ellos brillan desde adentro con una felicidad que viene de la practica espiritual. Teniendo,  por medio de su transcendental intuición, rompiendo las trabas de las costumbres, de cierta incertidumbre que siempre mantiene todas las opciones abiertas, y de la superficialidad, tales seres que viven sus vidas dedicadas a la práctica espiritual – para si mismos y para otros. Según la tradición Pali, los seres vuelven a nacer en la Rueda no más de siete veces.

            También hay algo y es que los Dioses no poseen ningún sentido humano. Por encima nuestro mundo humano, según la tradición bíblica, existe un plano después del plano cada vez más refinados de los estados del ser humano, todos ocupados por diferentes clases de dioses. El primero de estos seis niveles, desde los seres que todavía están dominados por sutiles formas del sentido del deseo, perteneciente a la Rueda de la Vida.

            Cada Dios está encarnado dentro de finas formas psíquicas que no son perceptibles por las usuales sensaciones humanas. Hermoso y noble, ellos experimentan continuas sensaciones de placer y satisfacción. El más elevados Dios, el más refinado de sus placeres. Cada uno de los mundos del Dios es tradicionalmente es mostrado como una corte real, precedido por el rey encargado de ese reino. Aquí los dioses pasan el tiempo tranquilamente, completamente absorbidos en el gozo de la belleza.

            Porque estos dioses  viven en el mundo de las sensaciones del deseo, ellos son capaces, alguna extensión al final, interactuar con el mundo humano. Ellos les gustan visitar lugares llenos de naturaleza y son atraídos por gente que está feliz y positiva. Ellos están particularmente atraídos por gente quienes practican la espiritualidad, especialmente que la desarrolle, sobre quienes a veces están diciendo proyectando influencias benéficas.

            Todos los dioses, sin embargo, no son permanentes. Sus vidas son inmensurablemente largas, y el reino más superior de la vida más larga, pero como  todos los seres vivos los dioses morirán. Esto sucede cuando el karma hace que los dioses en primer lugar estén agotados. Ninguno de los dioses crea el mundo y ninguno de ellos precede en el indefinidamente. En el Brahmajala Sutta del Pali Digha-Nikaya el Buda trata con gentil ironía la noción del Dios creador. Hay un ser que piensa que él es el creador de todo, el Buda nos cuenta, pero él es engañado. Él  solo aparece en su reino, a través de la fuerza del karma posterior, antes de los otros seres. Y cuando ellos dan una vuelta aparecen, a través de la fuerza de sus karmas pasados, él cree que él los hizo – y así a ellos.

            Antes de que el ser humano fuera creado por un Dios como el centro del universo, el reino del Dios del Budismo es que el mundo en que vivimos es un resultado de actos hábiles del cuerpo, habla y mente. Hábiles actos tienen positivas consecuencias. Tradicionalmente hablando, todos nuestros hábiles actos crean una provisión de “méritos” los cuales en el tiempo se convierten en una consecuencia positiva. Dioses son dioses porque ellos tiene acumulado muchísimo merito.

            El merito se puede generar a través de actos hábiles, si nosotros no hemos creado un compensatorio desmerecimiento, dándole aumento en esta vida mayormente a la facilidad y al placer, o nosotros podemos experimentar en el futuro celestiales renacimientos. Pero sin embargo y cualquier cosa que experimentemos loa frutos de nuestras acciones hábiles, el disfrute y el placer que ellos nos brindan es siempre acompañado del peligro de la intoxicación. Viviendo una vida llena de placeres sensitivos, los dioses están propensos a olvidarse de ellos y ellos también pierden la vista de otros. La existencia que ellos ahora disfrutan es el resultado del pasado consciente y la ética del esfuerzo. A menos que ellos continúen haciendo un esfuerzo para preservar su conciencia y generen además karma positiva a través de actos hábiles, ellos estarán gradualmente se sumerge más bajo y bajo los niveles del ser. Eventualmente, esto es algunas veces dicho, intensamente afligido de la pérdida de sus placeres anteriores, parecido como los dioses toman el renacimiento en los infiernos.

            Como hemos hecho un progreso espiritual a través de nuestros propios esfuerzos, nosotros naturalmente vamos a la experiencia más y más llena de placer como fácil y llena de confianza. Debajo de estas circunstancias es fácil olvidar los frutos de la vida espiritual son siempre los resultados de los esfuerzos. Satisfacción comienza fácilmente, y cuando lo hacemos lentamente comienza a decaer. El reino de los dioses es un lugar de gran peligro para aspirantes espirituales. Por esa razón, el Bodhisattva Avalokiteshvara aparece en el mundo de los dioses como un Buda blanco, tocando melodías de no permanencia sobre un arpa. Solamente de esta bella forma puede el mensaje universal de no permanencia vuelve a casa de los dioses intoxicados.

4. Los seis reinos de la rueda de la vida (versión en español)

 

            El próximo círculo de la rueda está dividido en seis segmentos, cada uno representa las principales maneras en las cuales los seres humanos aparecen. Tradicionalmente, ellos hablan de los seis reinos.

            Podemos ver los seis reinos desde la perspectiva psicológica. Aquí, los reinos de la belleza, la feroz competitividad, el deseo neurótico, el agudo tormento, la perezosa indiferencia, y la creatividad humana, muestran alguno de los diferentes estados mentales que podemos ocupar hasta dentro del transcurso de unas horas.

            Hogar al menos del trabajo, John colocar una sonata de piano de Beethoven y se comienza a relajar. Gradualmente, después de entrar a ese estruendoso bar, su mente se une con la música y él entra en el reino de la belleza olímpica – el reino de los dioses.

            Pero, como todas las cosas, la música eventualmente termina. Ahora los comienzos del aburrimiento comienzan. John ociosamente levanta el periódico, lo hojea, y de repente su atención es captada por una advertencia. Él puede comprar una nueva computadora por solo £1,299… Y viene con cosas increíbles: una cámara digital, escáner, impresora a color – y es más rápida… Imagina que puedes hacer con eso… Oye, entonces él podría realmente escribir aquella novela…

            John no puede dar £1,299n no ahora, no después del viaje a Nueva York con Jenny, pero él lo quiere, él realmente lo desea. En efecto, lentamente se le ocurrió a él, que su vida no estaba completa, él no estará completo, a menos que lo tenga. Si solo él puede tenerlo, luego él tendrá verdaderamente todo lo que él necesita y su vida estará completa realizándolo, él no querrá nada, pero el deberá tenerlo. Este es el reino de los pretas, de deseo neurótico.

            Proyectando como incrementar el dinero para comprar esta computadora John idea un plan para traicionar la confianza de Bill, uno de sus colegas de la oficina. Después de todo, esto es una carrera de ratas allá afuera. Ellos se apuñalan la espalda todo el tiempo. Él conoce el rey de los juegos Bill juega… Si él puede promover a Bill, si conoce el manejo de lo realmente le gusta a Bill, luego el podrá obtener que el pago incremente y, no hay problema, que la nueva computadora. Sin embargo hasta un nuevo carro… John se desliza en el reino de los antidioses.

            Cansado de su propuesta, sintiéndose levemente insensible, John vuelve a la televisión, luego deambula hacia la nevera, toma una cerveza, se prepara un bocadillo y vuelve al mueble donde él se acuesta, inconscientemente piensa la manera de como hacer un plato de tortilla de papas, crema de queso, y pepinillo. Ligeramente estimulado por una actriz en un bikini, él se hunde en un irreflexivo aturdimiento. Esto es el reino de los animales.

            El teléfono suena y John se despierta. Él tuvo unos momentos de claridad. ¿Qué es lo que él hace viendo aquella estupidez en televisión? Que pérdida de tiempo. Él podría haber estado escuchando a Beethoven. Él hasta podría haber regresado al primer borrador de la novela que él estaba enganchado en su gaveta por meses, el único que había sido expuesto el mundo de las oficinas políticas, el único que ha estado libre del trabajo. Sacudiendo su cabeza, de vuelta al reino humano de nuevo, John mueve el teléfono.

            Es Jenny, y ella difícilmente hace una pausa para tomar el aliento para él. Es suficiente dice: Jenny. Nuestra relación no está yendo a ningún lado. Nueva York es horrible, como sabes. ¡Él es tan egoísta! Todo lo que le importa a él es su música y su novela (la cual, ella agrega, que él nunca la terminará de todas maneras). En cualquier caso, ella había visto poco a Bill y ellos parecen entenderse mucho mejor… Olas de dolor y celos lo inundan. Él se sumerge en el reino de los infiernos.

            Y así va. Nosotros cíclicamente pasamos de un estado mental a otro, de un mundo a otro, porque cada nuevo estado mental del mundo John cambia dramáticamente. Cuando él escucha música del mundo él  vive en benigno y saludable, lleno de armonía y placer. Después de la llamada de Jenny comienza un severo y un lugar lleno de dolor, lleno de sufrimiento y desconformidad.

            Así nosotros podemos ver los seis reinos como permanente de las contrapartes del objetivo de nuestro actual estado psicológico, sin embargo podemos verlos también ocupado de las actuales entidades existentes. El budismo siempre acepta el objetivo de la existencia de los seres humanos como dioses, duendes, espíritus y demonios. Desde la perspectiva budista, la consciencia humana no está solo de una sola manera en los seres vivos. Esto es solo una de las grandes posibles manifestaciones de la consciencia, cada una llega en dependencia de ciertas condiciones prioritarias.

            Los actos de los seres humanos son consistentemente meritorios, y quien disfruta purificar los estados de la mente, están naciendo como dioses. Aquellos que cuyo comportamiento es consistentemente neurótico están naciendo de nuevo como dioses hambrientos – seres quienes nunca serán capaces de satisfacer su dolor con anhelo.

            El mundo como ordinariamente lo conocemos está repleto con diferentes modos de consciencia: hay gatos, perros, vacas, ovejas, y gorriones, para nombrar solo algunos. Nuestro aparato sensorial  humano somos capaces de percibir estos con nuestros sentidos físicos. Sin embargo el aparato sensorial humano es limitado y, desde el punto de vista del Budismo, es fortuito. Solo sucede así. Porque de una manera nosotros los humanos hemos tenido en el pasado nuestros ojos, oídos, narices, lenguas, y así sucesivamente, como resultado somos capaces de percibir ciertas cosas de cierta manera. Sin embargo – quien sabe – si tenemos diferentes sentidos que podríamos ser capaces de percibir seres cuya presencia no estaba absorta con las esferas de la luz, sonido, sabor, y así sucesivamente que comprende el límite normal de la percepción humana.

            El Buda, nos contó, que éramos capaces de ver todas las clases de seres alrededor de él. Los demonios tratan de distraerlo en vano y los dioses se reúnen con él para enseñarles. Podemos tomar historias como éstas literalmente o podemos interpretarlas míticamente. En ambos casos ellos tienen mucho que contarnos. Lo que nosotros nunca debemos hacer es dejarlas a un lado  meramente simple, sencillo folclore o el aumento cultural posterior en la cara prístina del Budismo. Tal acercamiento traiciona al orgullo del materialismo científico contemporáneo – una forma peculiarmente literal de mentalidad.

            Si tomamos los seis reinos como representación objetiva de la existencia del mundo de la consciencia, encarnado, seres humanos y no, o si preferimos pensar que ellos – más psicológicamente – como diferentes modos de la consciencia humana, la Rueda nos ofrece un gran trato de sabiduría en describir cual es cada uno de los reinos. Esta enseñanza, como otras, es un herramienta nosotros necesitamos cada una de ellas para aprender a manejar nuestro propio camino y para nuestros propósitos. Aprendiendo a reconocer cada uno de los reinos en nuestra propia experiencia nosotros también empezaremos a aprender cuales reinos debemos recibir y cuales debemos rechazar, y nosotros aprendemos para hacerlo bien.   

           

3. Los segmentos: blanco y negro de la rueda de la vida (versión en español)

 

 

El significado de esta parte de la Rueda trata de lo completo que se puede llegar. Esto es expuesto literalmente en blanco y negro – claro y oscuro. El Budismo no habla de actos que eran buenos o malos, en cambio ellos tampoco son hábiles o no. Actos de destreza conducen a resultados beneficiosos. Así que, en nuestra imagen, seres atractivos en actos de destreza ascienden desde lo profundo hacia la altura, desde los infiernos hasta los cielos.  

Aunque nuestras acciones son pocas veces completamente de este modo negro y blanco, y esto no es siempre posible hacer tal clara distinción, es necesario explicar el principio del karma, como esta imagen lo hace, muy claramente, esto es una de las definiciones principales apoyando todo el simbolismo desde el interior de la Rueda de la Vida.

Todas las cosas que se hacen producen frutos al tiempo. Como nosotros lo deseamos, así vendrá. Aquellos actos los cuales proceden de la generosidad, bondad y claridad producen  agradables frutos; aquellos que se arraigan en el deseo, odio y engaño producen indeseables frutos. Esta es la ley del karma.

Los seres humanos somos dueños de nuestros karmas, herederos de nuestro karma, el karma es la matriz de la cual ellos nacen. Nuestro karma es nuestra amiga y nuestro refugio. Cualquier karma que ellos realicen, bueno o malo,  ellos serán los herederos.

El karma literalmente significa acciones deseadas, si el cuerpo, el habla o la mente y nuestros cuerpos pueden extensamente dividirse en dos clases, hábiles los cuales conducen hacia la luz de la claridad y aquellos que no son hábiles nos inclinan hacia la oscuridad de la confusión.

A diferencia de las religiones teístas que sostienen que los sistemas éticos tradicionales de Occidente, en el Budismo nunca se habla de términos como “bueno” o “malo”. En el pensamiento Budista, ninguna acción es buena o mala en sí misma. El budismo en cambio se enfoca en la intención detrás de la acción. Lo que importa es la calidad de nuestros motivos. No es decir que esas cosas que hacemos sin querer no tienen consecuencias. Si me deslizo en la cocina y vierto té caliente en un amigo, que ciertamente tiene consecuencias, pero estas consecuencias están en un orden completamente diferente ellos podrían pensar que yo vertí la tetera deliberadamente sobre de él. Actos inintencionados no modifican nuestro carácter.

Nosotros sabemos que esto es como tener buenos sentimientos de afecto irán hacia otros. En un día soleado, tal vez, fuera en un campo hermoso salí a caminar con un buen amigo, el mundo está vivo, escasamente colorido y alegre, y nosotros sentimos agradecidos y generosos, enteramente parte del vasto proceso de la vida – sensitivo, aventurero, y abierto a nuevas experiencias. Nosotros queremos lo mejor para todos, para cualquier ser viviente, actuando, hablando, y pensando en el camino que reforcemos lo bueno en el mundo impidiendo y sintiendo menos desconectados que el resto de la gente, menos desconectados del resto de la vida. Sin embargo nosotros también sabemos que esto es igual a sentir esto; sentirnos irritables y desconectados de los otros. Nosotros herméticamente encerrados en nuestra piel en un mundo que es incomodo y hostil, oscuro confuso. La representación de sentimientos semejantes a estos, nosotros enviamos nuestra mala energía al mundo y así ayudamos a mantener nuestro entorno aparentemente hostil.

Todas las cosas son mutuamente interdependientes. Conocemos esto casi instintivamente. Vemos el camino dependemos de nuestra comida del granjero, del camionero, del comerciante, del verdulero (e incontables seres). Sabemos que una sonrisa, dándola por adelantado ondeando este tipo de energía tan positiva hacia adelante y hacia atrás, levantando el ánimo de la siguiente persona.

Pensamientos como estos nos ayudan fomentar sentimientos de empatía. No somos los únicos que le importa esto. Hay billones de otros seres vivientes en este planeta y todos nosotros dependemos del uno y del otro de incontables maneras. No solo de ésta. Todos nosotros – todos los seres humanos al menos – tienen la capacidad de entenderse uno al otro, comunicarse, y sentir por alguien siempre en niveles profundos. Interesarse por el bienestar de los otros seres vivientes, nosotros actuamos hábilmente, disfrutando la felicidad, y moviéndonos más cerca de la iluminación.

Por otra parte, la creencia que todos estamos intrínsecamente separados uno del otro reforzando nuestra tendencia natural hacía el egoísmo. Cuando vemos a otros compitiendo con nosotros por escaso recursos, sea nuestra comida, estatus, poder, o por afecto, eso aumenta las intensiones que están basadas primeramente en nuestros asuntos, y seguidas de acciones inútiles. Esto da como resultado que suframos y quedemos atrapados adentro de la existencia cíclica; frío, soledad, y alienado.

La ética Budista, por consiguiente, comienza con la tolerancia e interés propio. Si cultivas intenciones positivas actuarás más y más como una persona hábil. Como resultado, estarás más cerca de la iluminación, estarás más feliz. Viviendo más y más en la luz de la claridad, dejando atrás la oscuridad de la confusión, progresivamente te deshaces de los hábitos engañosos y egoístas que causan tu sufrimiento.

La ley del karma, sin embargo, no determina todo lo que pasa en nuestro mundo. El Buda enseñó que todo llega en dependencia de condiciones precedentes. Pero la operación de condicionalidad no es fortuita. Se revela una nueva moda y, acuerdo a la tradición comentada hay cinco posibles ordenes de la condicionalidad. Es útil tener algún rudimentario comprensivo de esto porque nos puede ayudar a entender el lugar del karma en la disposición natural de las cosas.

Muy brevemente, en orden ascendente de complejidad, hay un orden físico inorgánico de condicionalidad que gobierna la materia inanimada, la cual corresponde, más o menos, a las leyes físicas. Luego el orden físico orgánico que domina la materia animada – más o menos al nivel de las leyes biológicas. El orden mental rige a los actos no voluntarios, como nuestra sensación de hambre en la presencia de la comida, y corresponde a ciertos aspectos psicológicos. El orden kármico ético guía el camino en el cual los actos intencionales tienen positivas y negativas consecuencias. Y finalmente hay un orden trascendental, el cual gobierna los últimos estados del “camino espiral” que conduce asciende fuera de la Rueda, y alrededor de lo que decimos más tarde.

La ley del karma, entonces, es parte de un sistema natural. No hay ni un solo que reparta recompensas o castigos. El sistema es simplemente el resultado de la manera como las cosas son.

No hay gobernante divino en el Budismo, no hay un juez cósmico, así que no hay espacio para ninguna sensación de pecado y no existe la idea de la salvación divina. Sin esto, la sensación de culpa irracional que ha infestado mucho a Occidente, hoy en día es también removida. Nosotros como somos como somos. Ser humano, nosotros no somos intrínsecamente buenos o malos. Pero nosotros tenemos opciones. A cada momento podemos escoger a actuar hábilmente o no. Podemos movernos hacía la luz de la claridad o quedarnos fango de la oscuridad de la confusión. La elección es nuestra y, como los segmentos negros y blancos muestran, viviremos con las consecuencias.

2. El centro de la rueda de la vida (versión en español)

El gallo, la serpiente y el cerdo – el deseo, el odio y el engaño – quien persigue uno de ellos, da vuelta tras vuelta al cubo de la rueda, representa las fuerzas fundamentales que impulsan al Samsara. El gallo rojo es un símbolo de avaricia y lujuria, constantemente escarbando la tierra en busca de comida, la serpiente verde deslumbra con lo maligno, ojos llenos de odio, y el cerdo negro se revuelca en el lodo de la ignorancia. Cada uno muerde fuertemente la cola de cada uno – avaro, odioso, y ciego.

            Estos “tres venenos” – deseo, odio, y engaño – están entrelazados. Cuando nosotros actuamos hacia la avaricia nosotros odiamos que acerquemos nuestro camino y reforcemos nuestra ignorancia fundamental. Esta es la ignorancia del hecho que el mundo mundano no puede completamente cumplir con nuestros deseos, que todo nuestro sufrimiento es causado por nuestra avaricia, la felicidad comienza cuando termina la avaricia, y que ahí está el camino que debemos seguir la iniciativa de suspender con la avaricia.

            Ignorante de esto, incapaz o deseando no recordarlos, constantemente actuamos, hablamos, y pensamos de maneras que simplemente no son provechosas. “Descontento con mi estado actual de aburrimiento, prendo la tele y estúpidamente tomo unos momentos para ver la novela antes de ir a la cocina, a poner un poco más de peso encima, por motivo de la fugaz experiencia sensorial de comer pan y miel. Luego voy al cuarto para hacer una llamada a un amigo con quien hablo sarcásticamente de otro amigo en común, que me irrita. Y así vamos. Una y otra vez, vueltas y vueltas. Deseo, aversión, deseo, aversión. Fugaces estados mentales uno tras otro .Actuando de esta manera me mantengo ligeramente anestesiado, tomando esto, rechazando aquello, arrastrado de momento a momento por un profundo sentido de insatisfacción, que no estoy dispuesto a reconocer.

.           El Buda nunca condena el deseo, el odio y el engaño como pecado. Ellos son simplemente una parte del camino de como son las cosas, una parte de la manera como somos, sin embargo, él dice, que si deseamos escapar del sufrimiento debemos liberarnos de sus cadenas. Esto no es fácil, para los tres venenos extendidos en la misma raíz del Samsara.

            Para cualquier organismo que exista, dos factores deben tomarse en cuenta. El organismo debe tener un límite, así que podemos decir “el organismo esta dentro del límite, el resto del mundo está fuera de él”. Luego debe tener la capacidad de mantener este límite más o menos intacto para tomarse a si mismo lo que necesita para su supervivencia y apartar por si mismo cualquier cosa que lo amenace. Esta es la verdad de todos los organismos: seres humanos, jirafas, peces de colores, y amibas unicelulares, como también: las ciudades, países, corporaciones públicas. Los animales que no pueden alimentarse o defenderse por si solos, se convierten en comida para otros animales. Países que no pueden mantener sus fronteras son absorbidos por sus vecinos poderosos. Tomar para si lo que es necesario y rechazar lo que amenace son dos acciones intrínsecamente necesarias para todas las formas de vida.

            Sin embargo, ¿Cuál es el límite? Esto, en un sentido el problema esencial del ser humano no iluminado. Aunque, para sobrevivir de una manera normal, necesitamos tomar alimento y expulsar lo que nos amenaza, terminamos tomando el tema de nuestras fronteras demasiado en serio. Tratándolos como si fuesen fijos e inmutables, y de este modo vivimos confinados a los límites de nuestra piel, como si fuéramos de algún modo en esencia separados del resto de la vida. Y de esta manera los tres venenos nos tienen prisioneros.

            Experimentando como nosotros mismos estamos orientados y separados, interrumpiendo en un profundo sentido de la gente y del resto de nuestro entorno, conscientemente o no, nos sentimos amenazados e inseguros. Somos pequeñísimos, insignificantes, seres cambiantes a la deriva en un vasto universo de potenciales amenazantes otros. Somos pequeños y relativamente ineficaces, que no somos inmensos y enormemente poderosos. Mirándonos a nosotros mismos de esta manera, nuestra tendencia natural es sobreenfatizar el proceso de recibir y expulsar. Tratamos nosotros mismos de aceptar tanto como podamos de lo que pensemos que pueda darnos seguridad – comida, bienestar y estatus – y apartar de nosotros todo lo que aparezca para amenazar esto. Nosotros hacemos todo esto bajo el engaño de que somos, en última instancia fijos y separados, sacar el mayor provecho del Samsara es lo mejor, y preservar nuestra imaginada separatividad del resto de la vida, constantemente rechazando las amenazas.

            Este proceso está intrínsecamente inestable, por lo que nosotros no estamos orientados a entes inalterables. Como todo lo demás en el universo estamos en constante cambio, desde instante a instante. Nuestros inútiles intentos de resistir al cambio llevando nuestras vidas por lo seguro, esclavizados en la rutina, o siguiendo hábitos neuróticos como comer por placer y comprar por diversión, estancan nuestras energías y generan sufrimiento para nosotros y los demás. Aunque conozcamos el último estilo de zapatos y siempre tomemos un gran cappuccino, mientras dependamos de estas experiencias para nuestro sentido de valor interior y seguridad psicológica, nuestra posición va a permanecer fundamentalmente insostenible. Hasta aquellos que viven sus vidas en la cumbre de la moda algún día se enfermarán y morirán.

            La sensación de seguridad de nosotros mismos de algún modo encaminado y completo – separado del resto de la vida – que nosotros constantemente tratamos de lograrlo, es imposible alcanzarlo en presencia de la realidad. Al final no podemos separarlo. De momento a momento nos afectados y somos afectados por todo en nuestro entorno. El aire que respiramos, la comida que comemos, las impresiones e ideas que tomamos, todo viene de nosotros mismos. No hay nada que no nos afecte en el continuo proceso de intercambio entre nosotros y nuestro entorno.

            El mundo en que nos movemos está en un constante remolino de cambios. Sin embargo habiendo construido para nosotros una idea fija del mundo donde nosotros, como sujetos más o menos limitados y no cambiantes, interactuamos con un mundo de objetos estables, experimentamos una constante fricción entre las cosas tal y como son y el mundo de nuestras ilusiones. Tropezando con la realidad, pero indispuestos a reconocerla, sufriendo todo el tiempo. Solo soltando nuestro iluso aferramiento, podremos liberarnos del sufrimiento.

            El deseo, el odio y el engaño tienen profundas raíces dentro de nuestra psique. El gallo, la serpiente, y el cerdo conducen el cubo de la Rueda. Entre ellos nosotros estamos muy condicionados de la manera en la cual vemos al mundo y de nuestro comportamiento. Somos la fuente de todo el sufrimiento, sin embargo, el Buda nos garantiza, que puede transformarnos. La avaricia puede transformarse en generosidad, el odio en compasión, y la ignorancia en sabiduría.

            Hacer tales cambios requiere de un esfuerzo consistente en el tiempo, tal vez a través  por muchas vidas, pero se puede hacer. No solamente eso; sino que también puede hacerse poco a poco. En cuanto empecemos a hacer un esfuerzo serio para socavar las raíces de los tres venenos dentro de nosotros practicando el camino de la ética, la meditación, y la sabiduría, nosotros inmediatamente comenzaremos a progresar. El deseo, el odio y el engaño no son nuestras únicas motivaciones; también tenemos dentro un deseo por lo bueno, y cuando le damos rienda suelta a ese deseo la fuerza que proviene del centro de la Rueda comienza a disminuir. Menos arrastrados por la avidez y la aversión ciegas, nos hacemos más conscientes del prospecto de la verdadera liberación, y nuestros corazones anhelarán más de esto que la familiaridad del deseo.

            Cultivando la generosidad, la amabilidad, y la claridad, podemos empezar a pisar el camino de la vida espiritual del Budismo, el camino altruista que el Buda indica cuando él señala, como él lo hace en nuestra ilustración, de la liebre en la luna. Nuestra progresión a lo largo del camino puede ser rápida, o puede ser lenta, sin embargo de una cosa podemos estar seguros – con tal que  hagamos un esfuerzo, el progreso por si mismo se garantizará.

1. Introducción al libro de la rueda de la vida (versión al español)

 ¿Por qué soy como soy? Existen seis mil millones de seres humanos en este planeta e innumerables formas de vida ¿Cómo es eso que debo ser exactamente de esa manera, que piensa, que siente, que habla, y que ve las cosas de una manera única, diferente a otro ser viviente? El símbolo que conocemos en Occidente como la Rueda de la Vida, conocida en sanscrito como bhavachakra, o Rueda del Devenir, responderé esta pregunta a través de esta lectura lo describiré detalladamente.

            Recuerdo la primera vez que encontré una representación de la Rueda, estaba en una casa abandonada en la ciudad de Londres pegada en una pared blanca a punto de caerse, su borde estaba rasgado y doblado. En ese momento estaba acompañado, y nos recostábamos al borde de la pared, bajo la influencia de una u otra sustancia psicotrópica, fantaseábamos con nuestros sueños de libertad. En ese tiempo, no pude entender su significado. En el dibujo un monstruo sostiene firmemente un gran disco que está dividido en varios segmentos de los cuales raras, y misteriosas cosas suceden – gente que es cortada en pedazos, mujeres dando a luz, animales que juegan y se divierten, ejércitos que pelean, demonios que torturan gente, una pareja haciendo el amor… Nunca se me ocurrió encontrarle algún significado. Esa clase de preguntas no se hacían. Todo lo que sabía es que era una mandala, y las mandalas estaban asociadas con el Budismo Tibetano, como en The Tibetan Book of the Dead, como en los mapas psicodélicos de la conciencia de Timothy Leary, como en la portada del libro Be Here Now de Ram Das. Esto fue suficiente. La principal cosa es que nadie puede negarlo, era realmente exótico.

            Si solo en ese momento hubiera sabido lo que sé ahora – que la Rueda no era realmente un afiche rasgado, sucio, y pegado a una pared agrietada – pero antes era solo un espejo, reflejando muchos de los estados por los que pasamos, mientras reposábamos sobre cobertores hindúes bajo su mirada constante. Muda, incapaz de ofrecer su sabiduría, más que una simple imagen de la Rueda, puede contarnos todas las cosas que surgen, perecerán; que nuestras mentes determinan lo que somos ahora, lo que hemos sido, y lo que seremos. También nos cuenta que podemos cambiar para mejor. Nosotros circulamos en una gran rueda del devenir – la Rueda nos habría dicho que andamos en una gran rueda de devenir, pasando a través de mundo tras mundo una y otra vez, de estados mentales tras estados mentales, vida tras vida. Revolviendo interminablemente en estados de insatisfacción, este proceso sigue avanzando indefinidamente, hasta que podamos despertar, centrarnos y comenzar a tomar el destino por nuestras propias manos.

            La Rueda revela como funciona todo. Nos muestra quienes somos ahora; como las cosas pasaron como tenían que pasar; y como podemos cambiarlas para mejor. Estaba pegado a la pared a punto de caerse, la Rueda era un espejo esperando a ser explorada; un mapa esperando a ser comprendido.

            Los orígenes de la Rueda de la Vida (como un símbolo desarrollado) que se encuentran en la recóndita historia budista. Antiguos textos canónicos budista contienen instrucciones para su representación grafica, y un ejemplo, data del siglo sexto antes de Cristo, ha sido preservado en una pared en las cuevas en Ajanta, en la India. Actualmente, su uso continúa siendo muy extensivo en el budismo tibetano, y ahora ha llegado a Occidente.

            Una de las principales funciones de la Rueda es describir los procesos por los cuales nosotros estamos yendo al “circulo del renacimiento”. Todos los grandes maestros budistas, desde el Buda hacia adelante, han enseñado que los seres vivientes ignorantes estando atrapados en un vasto y constante proceso de renacimiento. Morimos y renacemos, una y otra vez…

            Esto no dice que nosotros mismos, como somos ahora, renacemos exactamente con los mismos hábitos y características que manifestamos en el presente. Tampoco estoy sugiriendo que tenemos, en alguna parte, de alguna manera, una esencia inmutable – algo como un “alma” – que es inmortal y que rencarna después de la muerte del cuerpo. El punto de vista budista es más sutil que esto. Hay cambio y continuidad. Dependiendo de como fue antes, surge lo siguiente. Esta es una verdad universal enseñada por los budistas. Pero lo que viene después no es exactamente lo mismo, de cualquier punto de vista, como lo anterior. Todo cambia – todo el tiempo. Así que, dependiendo de como soy al momento de mi muerte, seré al momento de conciencia del primer parpadeo cuando mi próximo renacimiento se produzca. Es como una llama pasando a través un puñado de ramitas. La llama nunca es la misma. Pasando de ramita a ramita, cambia constantemente. Sin embargo hay continuidad: a pesar de que cambie, todavía habrá una llama.

            De la eternidad a la vida hemos nacido y renacido, una y otra vez. La Rueda de la Vida se mantiene girando. Podemos entender esta enseñanza de dos maneras. Macroscópicamente tomamos como dice que nos movemos del nacimiento físico a la muerte física al renacimiento, una y otra vez. O, microscópicamente, podemos entender cuando dice que continuamente nos movemos de un estado mental a otro, en un proceso de constante cambio durante una vida – hasta en el transcurso de unos momentos.

            Sin embargo si podemos verlo macro o microscópicamente, una cosa es cierta. Como todo lo demás, estamos en constante cambio. La Rueda de la Vida describe los mecanismos que gobiernan los profundos niveles del proceso de cambio. El pensamiento budista básico discierne dos maneras profundamente diferentes de ser. La gran mayoría de nosotros experimenta el mundo en términos de una constante reacción entre dos polos opuestos. Nosotros experimentamos cierto placer, pero en el tiempo nos dará sufrimiento. La felicidad nos da pesar, pesar a la felicidad. No conociendo la verdadera naturaleza de la realidad, nosotros giramos aparentemente sin parar entre los polos de la alegría y la tristeza. Esta tendencia cíclica es el proceso del Samsara, que es la vida como la conocemos, un continuo girar, de donde deriva la imagen de la Rueda. El nacimiento da paso a la muerte, la muerte a la vida, dando vueltas una y otra vez, una y otra vez. Pero además de este proceso “samsarico” también hay un proceso “nirvanico”.

            El Nirvana, “extinguirse”, es un sinónimo de “Iluminación”. Representa la extinción de todos impulsos hacia lo egocéntrico, que fomenta la ignorancia y el engaño manteniéndonos atrapados en la Rueda. Libre de engaño, motivado por la simpatía, la generosidad, y la sabiduría, la persona inteligente actúa en el mundo únicamente para el beneficio de otros. El camino de la vida espiritual, el proceso nirvánico conduce hacia adelante y hacia atrás, lejos de la Rueda, cerca de la iluminación.

            La Rueda de la Vida nos muestra como es el proceso cíclico del trabajo de Samsara, y señala el camino del Nirvana.

            La doctrina de la Rueda de la Vida se apoya en la idea budista del karma. Esta idea es comprendida a menudo como un principio de justicia distributiva que determina el estado de vida de cada persona. Esto no es a través del punto de vista del Buda. En el budismo, el karma representa más o menos como “la acción querida”, y la teoría budista del karma nos dice simplemente que todos los actos queridos, del cuerpo, del habla, de la mente, inevitablemente tiene resultados, y que la calidad de esos resultados, si ellos contienen alegría o dolor, depende del estado mental que los motive. Estados mentales positivos como la bondad, la claridad y la generosidad, concede obras que traen beneficios. Estados mentales negativos, como el rencor, la confusión y la mezquindad conducen obras con resultados perjudiciales. La Rueda de la Vida muestra alguno de los caminos y los mecanismos en el cual opera el karma.

            No existe una sola versión de la Rueda de la Vida, pero el descrito en este libro contiene todos los elementos que son más comúnmente encontrados. Antes de ir a examinar los componentes de este gran símbolo en mayor detalle, ante todo presentaré brevemente los principales elementos de la Rueda como la encontramos en nuestra ilustración.

            La Rueda en si misma está dividida en cuatro círculos concéntricos. En el centro, encontramos a un gallo, una serpiente, y un cerdo, cada uno mordiéndole la cola al que está al frente Estos tres animales representan, avidez, odio, e ignorancia espiritual, respectivamente.

            El siguiente anillo está dividido en dos, una mitad negra y la otra blanca. En la parte blanca, los seres ascienden a mundos celestiales como resultado de sus acciones virtuosas. En la mitad negra, los seres caen a los infiernos, debido a sus acciones viciosas.

            La siguiente área de la Rueda, que es la más grande, está dividida en seis partes, Estas representan los seis modos de ser y mundos, dentro de los cuales la conciencia se puede manifestar. Estas son, comenzando desde arriba y procediendo en dirección a las agujas del reloj, el mundo de los dioses, los titanes, los fantasmas hambrientos, los seres infernales, los animales y los humanos.

            En nuestra ilustración aparece un Buda en cada uno de los mundos. Este es el Bodhisattva Avalokiteshvara, la encarnación del aspecto compasivo de la Iluminación. Él sostiene un objeto que muestra a los seres de cada mundo lo que necesitan para tomar el siguiente paso en su desarrollo espiritual.

             El círculo final de la Rueda, su borde, está dividido en doce segmentos. Estos representan varios estados del proceso de pratitya-samutpada, o “surgimiento condicionado”. Esto describe el proceso por el cual nosotros y los mundos que habitamos surgen y desaparecen dependiendo de las siempre cambiantes condiciones.

            En el primer segmento, un hombre ciego con un palo va examinando su camino por delante. Esto describe el estado espiritual de la ignorancia en el cual todos lo seres no iluminados se encuentran a sí mismos. El siguiente, un ceramista que lanza macetas en una rueda. Esto describe nuestros samskaras, nuestro “formaciones de karma”, el profundo proceso habitual que está debajo de nuestras acciones. Entonces nosotros vemos un mono trepando un árbol floreado; un bote con cuatro pasajeros, uno de ellos está conduciendo; y una casa con cinco ventanas y una puerta. Esto representa la conciencia; los cinco skandhas – los constituyentes básicos de los organismos psicofísicos; y los seis órganos de los sentidos (en budismo, la mente es uno de los órganos de los sentidos). Entonces vemos a un hombre y a una mujer abrazándose, simboliza el contacto sensorial, seguido de un hombre con una flecha en su ojo, simbolizando el sentir. El siguiente, una mujer ofreciendo una bebida a un hombre sentado – sed o avidez; un hombre recoge frutas de un árbol – aferramiento; una mujer embarazada representa “devenir”. En los últimos dos segmentos vemos a una mujer dando a luz y un cuerpo – representa el nacimiento y la muerte.

            Toda la Rueda está sostenida firmemente en las manos y mandíbula de un gran monstruo – Yama, el Señor de la Muerte – quien representa la gran realidad ineludible de la impermanencia universal. En un sentido, Yama tiene dos caras. Sosteniendo la Rueda, vemos como él y en su forma tradicional iracunda. Aquí él es testigo del hecho de que todas las cosas están propensas a cambiar y transformarse en otras. Nosotros reclamamos seguridad, añoráramos lo conocido, y no deseamos perder las cosas o experiencias placenteras que tenemos. Como resultado, sufrimos. Yama también representa la posibilidad de cambio para mejor. Porque las cosas son impermanentes, porque siempre estamos cambiando, cada situación puede mejorar y nosotros mismos podemos crecer y cambiar para mejor.

            Como exactamente todo puede cambiar para mejor puede insinuar que al final hay dos símbolos. En la cima en la esquina derecha vemos la figura del Buda, y en la parte de arriba en la esquina izquierda una luna llena blanca, conteniendo la figura de una liebre. En Occidente tenemos al hombre en la luna; en parte de Oriente tenemos una liebre. La historia de como esto ocurrió como sigue.

            Una vez allí estaba una liebre, quien se sacrifico para alimentar a invitados hambrientos. El invitado, en este caso, expulsa al gran Dios Indra, asqueado, y la liebre se convertirá en Buda, quien todavía estaba siguiendo su carrera Bodhisattva. Indra devolvió a la vida y dibujo su dibujo en la luna llena, donde puede verse aún – un constante recordatorio de la generosidad y autosacrificio del espíritu de Bodhisattva.

            El Buda, señala que la liebre en la luna, indica el camino de Bodhisattva. El desarrollo de una profunda actitud altruista, él nos cuenta que es el sendero para escapar de la Rueda. Como vamos a hacerlo, sin embargo depende cuan comprensivo de como las cosas son y como ellos deben ser.

            Por esta razón, la Rueda de la Vida es un símbolo de una inmensa significación espiritual. Podemos usarlo para ayudar a ubicarnos – para vernos, hasta cierto punto – como realmente somos. Nosotros conocemos entonces no solo lo que tenemos que hacer, sino también como hacerlo.